Las emociones están ubicadas en todo nuestro cuerpo. Los latidos de nuestro corazón, la conductancia de nuestra piel, la dilatación de las pupilas. Todos esos fenómenos físicos en su conjunto conforman una emoción: alegría, tristeza, ira...
Los recuerdos se fijan más cuanto mayor es la emoción que acompaña. Un fenómeno emocionalmente de impacto trae aparejado un compendio de estados neuroquímicos y fisiológicos que permanecen en nuestra memoria y cuando un estímulo similar nos llega en el presente activa las mismas áreas, la misma red neuronal que en su día implantó el recuerdo.
No podemos negar que, ya sea en nuestra concepción o en el nacimiento, aparece este 'recuerdo primigenio' cuya impronta no solo es la fisionomía que emerge sino su estrecha e íntima relación con su entorno circundante.
Podemos establecer que el temperamento se consolida cuando se da esa interconexión yo-mundo, herencia biológica - cosmos.
En Aurae, pretendemos armonizar ese recuerdo primigenio con las frecuencias del presente, ensamblando nuestra disposición neural con el ritmo del universo.
